Como ya hemos podido comprobar, tanto las causas como las consecuencias derivadas de una negligencia médica son variadas, yendo desde lesiones físicas derivadas de un mal tratamiento por error de diagnostico hasta el fallecimiento por una mala decisión durante una operación.

Sin embargo, existe un punto intermedio entre lesiones y muerte, y es el caso de las secuelas, dolencias irreparables, en la gran mayoría de caso, para el perjudicado, y que pueden condicionarle su modo de vida o la de sus parientes.

La Parálisis cerebral como secuela de una negligencia médica

Una de las secuelas más comunes, tristemente, es la parálisis cerebral. Esta describe como:

 «grupo de trastornos del desarrollo psicomotor, que causan una limitación de la actividad de la persona, atribuida a problemas en el desarrollo cerebral del feto o del niño. Los desórdenes psicomotrices de la parálisis cerebral están a menudo acompañados de problemas sensitivos, cognitivos, de comunicación y percepción, y en algunas ocasiones, de trastornos del comportamiento”

Las lesiones cerebrales relacionadas con esta dolencia ocurren desde el período fetal hasta la edad de 3 años (aunque algunos expertos han determinado que se empiece a establecer el diagnóstico de la parálisis cerebral al llegar a los 5 años).

Los daños cerebrales después de la edad de 3 años hasta el período adulto pueden manifestarse como parálisis cerebral, aunque por lo general no entran en esta definición. Los primeros signos indicativos de una parálisis cerebral aparecen en el período que transcurre entre el nacimiento y los 3 años. Existe el riesgo de indicativos precoces que se desarrollan antes de los 3-4 meses.

La causa de la Parálisis Cerebral es debida a una lesión del cerebro ocurrida durante el desarrollo cerebral del feto o el niño pequeño (pudiendo ocurrir en la gestación, el parto o durante los primeros años de vida).

Esta lesión, en la mayoría de caso, provoca un déficit de suministro sanguíneo hacía un encéfalo en desarrollo, ya sea por  hemorragias, inflamación o ictus. En un 40% de los casos se desconoce o no se determina con certeza la causa que provoco la PC, pudiendo derivarse ésta de malformaciones o lesiones cerebrales ocurridas en el período fetal debidas a una infección o por falta de oxigeno o riego sanguíneo, o por complicaciones durante el parto, por incidencias postnatales derivados de  encefalitis, meningitis, accidentes de tráfico, ahogamiento,…

De entre las causas más habituales de las que puede derivarse una mala praxis médica en  este ámbito:

  • Por uso inadecuado de fórceps durante el parto
  • No llevar un control del pulso del niño antes y durante el parto
  • No diagnosticar una infección en la madre o el bebé
  • Al no realizar, o realizar de manera tardía, una cesárea de emergencia
  • No diagnosticarse o tratarse de manera inadecuada la ictericia
  • No identificar el prolapso del cordón umbilical

Entre los trastornos motores que suelen derivarse, con mayor frecuencia, de la PC nos encontramos con alteraciones sensoriales, perceptivas, cognitivas, comunicativas, epilépticas, así como problemas musculo esqueléticos secundarios.

La frecuencia con la que coexisten estas, y otras tantas alteraciones, es variable; si bien lo único que no varía es su estabilidad, que no es progresiva; ello significa que los trastornos persisten, aunque no cambian o se desarrollan con la edad.

Las manifestaciones de la PC, en la etapa Infantil dependen de la extensión y la localización de la lesión cerebral, así como de la capacidad del cerebro a adaptarse a ella, clasificándose entre escalas leve, moderada o severa, dependiendo del grado de limitación que tenga para realizar sus actividades en la vida diaria. De entre los signos más evidentes de PC encontramos:

  • Fallos en el desarrollo del control de equilibrio y control postural, trastornos de la fijación postural
  • Parálisis, paresia, o trastornos en patrones de motricidad voluntaria
  • Fallos en la supresión de reflejos
  • Espasticidad y otros trastornos del tono muscular, movimientos involuntarios,…

 Asimismo podemos determinar tres tipos de Parálisis, divididos según el tipo de trastorno del movimiento que sufra la persona:

  •  Espástica: implica problemas de movimiento y rigidez relacionada con tensión muscular. A los afectados les cuesta cambiar de posición y tienen problemas para sujetar objetos. Es la mas común, encuadrando casi el 80% de casos de Paralisis.
  •  Atáxica: entre sus síntomas destacan problemas con el equilibrio y con la percepción de la profundidad, así como temblores y movimientos musculares involuntarios leves.
  •  Atetoide: se caracteriza por movimientos involuntarios mas fuertes (así como una musculatura frágil), dificultad para tragar y mantener la postura, trastornos en el habla.

Casos de Parálisis cerebral como secuela de una negligencia médica

Como hemos podido comprobar, las causas, si bien son variadas, dejen entrever que lesión que provocó la parálisis pudo derivarse de la forma de realizarse el parto (la mas común por fórceps) o por cualquier otra intervención que, debido a la actitud imprudente del sanitario, provoco alguna lesión o infección en el feto.

Muy sonado fue el caso tratado en la SAP Barcelona de 11 de Marzo 2011, a través de la cual se determinó como negligente la manera de actuar de los  médicos y profesionales sanitarios, y a los que se les achacó la responsabilidad  de provocar la parálisis cerebral de recién nacido al determinarse relación de causalidad entre la lesión con el  desprendimiento parcial de placenta.

Asimismo se consideró negligente el retraso en la práctica de la cesárea, por lo que se pidió la responsabilidad de ginecóloga, no así de la comadrona. Se llego a estimar, en segunda estancia, una suma cercana al millón de euros; gastos de vida que han sido considerados como necesarios por muchos centros dedicados al control y prevención de enfermedades; de ahí la importancia que tiene aportar la documentación adecuada (historial médico, seguimiento de parto, consentimiento informado,…) que permita demostrar la mala praxis del facultativo.